Diseño Humano

Centro del Corazón (Ego)

Lo esencial

Motor
Sí
Puertas
4
Canales
4
Autoridad
Autoridad del Ego

Puertas21, 26, 40, 51

Canales21-45, 25-51, 26-44, 37-40

Cumplir una promesa, defender su precio, medirse con alguien: el Diseño Humano sitúa estos asuntos de voluntad en el Corazón. En él se juega también la relación de una persona con su propio valor, con lo que cree que puede pedir y sostener.


La voluntad y la palabra dada

Un artesano anuncia un plazo a su cliente y lo cumple, aunque tenga que terminar tarde la última noche. Una diseñadora gráfica independiente anuncia su tarifa sin disculparse y no la baja cuando le regatean. El Diseño Humano ve en estos dos gestos la obra del Corazón, centro de la voluntad. Ninguno de los dos necesita convencerse: la decisión de cumplir ya está tomada.

El Corazón es un motor. Su puerta 40, la Soledad, da una imagen de ello: un esfuerzo real hecho por aquellos a quienes se quiere, y luego la necesidad de retirarse a solas para recuperarse. La voluntad que aporta sirve para comprometerse, por uno mismo o por los suyos.

Del Corazón salen cuatro canales, cada uno hacia un centro distinto: la Garganta con el 21-45, el Centro G con el 25-51, el Centro del Bazo con el 26-44, el Plexo Solar con el 37-40. Por sí solos, los dos últimos dan un Proyector: con Autoridad Esplénica en el caso del 26-44, ya que el Centro del Bazo va antes que el Corazón en la jerarquía de las autoridades, y con Autoridad Emocional en el del 37-40.

El vínculo del Corazón con la Garganta pesa en el tipo. El canal 21-45 da por sí solo un Manifestador, y el 25-51 puede hacer lo mismo en cuanto el Centro G llega también a la Garganta. Quedan otros caminos abiertos, en cuanto el Centro del Bazo o el Plexo Solar toca él mismo la Garganta.

Lo que cambia la definición del Corazón

Cuando el Corazón está definido, la voluntad es accesible de forma regular. La persona sabe lo que puede prometer, y su palabra tiene peso porque no la compromete a la ligera. Sus allegados aprenden que un sí suyo compromete de verdad, y que una negativa clara les evita una decepción.

Esta regularidad no impide el exceso. Prometer demasiado, o cumplir a toda costa una palabra dada en un arrebato, acaba agotando también a un Corazón definido.

Abierto, el Corazón no tiene un acceso constante a esa fuerza. Capta la del entorno, y el Diseño Humano la describe como amplificada en él: en un equipo que se lanza retos, puede aceptar una apuesta que nunca habría elegido solo.

Definido, el Corazón puede también sostener la autoridad. Ocupa el cuarto lugar en la jerarquía de las autoridades: si no está definido ninguno de los centros que lo preceden, da la Autoridad del Ego, en un Manifestador o en un Proyector. Un Generador, Manifestante o no, nunca la tiene, porque su Sacral va antes.

Demostrar su valor

Para un Corazón abierto, el condicionamiento se resume en una idea: habría que merecer el propio lugar. La persona promete para que la tomen en serio, o acepta un reto para demostrar que es capaz, apoyándose en una voluntad de la que no dispone de forma permanente.

El reto lanzado durante un seminario estimulante pesa mucho el lunes por la mañana. Cada promesa incumplida confirma entonces la creencia de partida, la de no valer lo suficiente, y empuja a prometer más la vez siguiente para compensar. El trabajo consiste entonces en dejar de medir el propio valor por el número de promesas cumplidas.

Un Corazón definido conoce una trampa cercana: exigir a los demás la misma constancia. Acostumbrada a cumplir su palabra, la persona puede juzgar con dureza a un allegado cuya voluntad fluctúa según las semanas, sin saber que ese allegado tiene el Corazón abierto y no dispone de la misma reserva.

El Corazón en el día a día

La mañana de una negociación de salario o de alquiler, la definición del Corazón se nota enseguida. Definido, permite enunciar lo que se quiere y mantener la postura. Abierto, puede hacer que uno llegue con una cifra y salga con otra, arrastrado por el aplomo de quien tiene enfrente; preparar la negociación por escrito, de antemano, da entonces un apoyo que no depende de la sala.

En la oficina, las puertas activadas tiñen esta voluntad. Quien tiene activada la puerta 21, el Cazador, quiere gestionar sus asuntos sin que nadie se entrometa; con la puerta 26, el Egoísta, sabe vender una idea o una imagen de sí mismo; la puerta 51, el Shock, lo empuja a medirse con los demás y consigo mismo.

Al salir de una reunión entusiasta, a un Corazón abierto le conviene revisar sus promesas en frío. Responder «Se lo confirmo mañana» permite ver, lejos de la sala y de su entusiasmo, lo que queda del compromiso. La frase exige un poco de aplomo la primera vez; luego se convierte en un hábito.

Renegociar una promesa forma parte del uso sano de este centro, definido o abierto. Anunciar pronto que un plazo no se va a cumplir cuesta menos, a uno mismo y a los demás, que un plazo cumplido a fuerza de noches en vela.

Para usted, para los demás

Para usted

Haga la lista de las promesas que sostiene en este momento y busque las que hizo para demostrar algo. Son esas las primeras que conviene revisar. Devolverlas o renegociarlas no le quita nada a su valor, tenga el Corazón definido o abierto, y libera voluntad para lo que usted quiere cumplir.

Para los demás

Nada obliga a un allegado con el Corazón abierto a demostrarle su valor, y usted puede decírselo. Los retos lanzados para estimularlo lo empujan a comprometerse con una voluntad que no le pertenece. En cuanto a un allegado con el Corazón definido, tome en serio su palabra y no le pida que prometa más de lo que ofrece. Un agradecimiento por una promesa cumplida cuenta más, para uno como para otro, que un reto más.

Fichas relacionadas

Los centros conectados a este por un canal, y la autoridad que sostiene.

Preguntas frecuentes sobre el Centro del Corazón (Ego)

¿Es peyorativa aquí la palabra «ego»?

No. El Diseño Humano llama también al Corazón Centro del Ego para designar el yo que se afirma y estima lo que vale, sin el sentido de orgullo de la palabra corriente. Designa una función, la de comprometerse y defender el propio lugar, sin juicio moral. La autoridad que sostiene se llama, de hecho, Autoridad del Ego.

Con un Corazón definido, ¿qué tipo se puede ser?

Todos los tipos salvo el Reflector, según el resto de la carta. En cuanto llega a la Garganta, ya sea directamente con el 21-45 o dando un rodeo como el del Centro G, el Corazón da un Manifestador, o un Generador Manifestante cuando se añade el Sacral. Sin ese vínculo, es un Proyector, o un Generador cuando el Sacral está definido.

¿Qué vale la voluntad de un Corazón abierto?

Es real cuando está ahí, pero no le pertenece en propiedad: llega con el entorno y se va con él. El Diseño Humano ve en ello el funcionamiento normal de un centro abierto. El problema nace de la presión por mostrarla de forma permanente para demostrar el propio valor.

¿Cómo evitar las promesas de las que uno se arrepiente?

Separando el momento del impulso del momento del compromiso. Con un Corazón abierto, una promesa hecha en un ambiente estimulante descansa en una voluntad prestada por las personas presentes; confirmarla más tarde, con calma, permite comprobar que se sostiene sin ese apoyo. Con un Corazón definido, la cuestión es más bien el número: cada compromiso tira de una voluntad regular, pero que tiene sus límites.

¿El éxito material depende del Corazón?

El cálculo no vincula ningún centro con un resultado. Un Corazón definido facilita defender el propio precio y cumplir los compromisos, pero el éxito depende de muchas otras cosas además de la definición de un centro.

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