Diseño Humano
Centro de la Cabeza
Lo esencial
- Motor
- No
- Puertas
- 3
- Canales
- 3
- Autoridad
- Autoridad de Caja de Resonancia (Proyector Mental)
Puertas61, 63, 64
En lo más alto del Cuerpo Gráfico, la Cabeza produce preguntas y el deseo apremiante de responderlas. Esta presión mental no encuentra salida en sí misma: baja hacia el Ajna, el único centro con el que la Cabeza está conectada, para tomar allí la forma de un pensamiento.
Una presión que busca una respuesta
Una frase oída en el tren vuelve por la noche, a la hora de dormir. ¿Por qué dejó su puesto aquel amigo, y qué se esconde detrás de esa cifra que no cuadra en el presupuesto del mes? Así funciona la Cabeza: plantea una pregunta y mantiene vivo el deseo de resolverla, sin aportar ella misma ninguna respuesta. También trae la inspiración, la idea que surge en la ducha y pide ser comprendida.
El Diseño Humano cuenta la Cabeza entre los dos centros de presión del Cuerpo Gráfico, junto con la Raíz. La presión que ejerce la Cabeza tiene que ver con la comprensión y no aporta ninguna fuerza para actuar, de modo que el cálculo nunca la tiene en cuenta cuando busca un motor conectado a la Garganta.
Sus tres canales desembocan todos en el Ajna. Una Cabeza definida va siempre acompañada de un Ajna definido, y una pregunta nacida arriba encuentra justo debajo el lugar donde convertirse en idea. La página de Diseño Humano muestra un caso: para un nacimiento el 10 de diciembre de 1985 a las 14:30 en París, el canal 47-64 define los dos centros a la vez.
La inspiración de la Cabeza sigue su propio calendario. Una idea puede dar vueltas mucho tiempo sin llegar a nada y, de pronto, tomar forma cuando aparecen las palabras. Nada obliga a actuar sobre cada una de las que pasan. Algunas preguntas quedan abiertas toda una vida sin que eso suponga ningún problema.
De dónde vienen las preguntas
Cuando la Cabeza está definida, la presión mental tiene una fuente constante. Los mismos temas vuelven de un año a otro bajo formas distintas, tanto si la persona está sola en su cocina como en medio de una reunión. Esta estabilidad afecta a las preguntas y no garantiza nada sobre la calidad de las respuestas. Alguien con la Cabeza definida puede pasar años con un mismo enigma, profesional o íntimo, y volver a él con gusto más que con angustia.
Abierta, la Cabeza capta la presión de las Cabezas definidas que la rodean, y el sistema añade que la amplifica. Después de una cena en la que dos invitados han discutido sobre su jubilación, alguien con la Cabeza abierta puede rehacer sus propias cuentas hasta bien entrada la noche, sobre un tema que la víspera no lo ocupaba. Las pantallas producen el mismo efecto: una velada leyendo noticias puede dejar a una Cabeza abierta con las inquietudes de diez desconocidos.
Responder a preguntas ajenas
Una compañera se preocupa por una reorganización, y esa misma noche una persona con la Cabeza abierta hace la lista de sus propias opciones, convencida de que la urgencia es suya. Toda pregunta que siente le parece personal: de ahí parte el condicionamiento de este centro.
Después se instala un hábito, el de pensar en cosas que no le conciernen. La mente se pone al servicio de asuntos que vienen de otros, el divorcio de un vecino o el futuro de una empresa en la que no trabaja. El cansancio que resulta no corresponde a ningún esfuerzo visible.
Una segunda trampa tiene que ver con la respuesta. Una pregunta apremiante da la impresión de que hay que resolverla rápido, y una Cabeza abierta puede lanzarse sobre la primera explicación que encuentra para que cese la presión. La decisión que sigue parece meditada; sobre todo ha servido para acallar una pregunta prestada.
El descondicionamiento pasa por una observación paciente: de dónde viene la pregunta y si hay que responderla ahora. Una pregunta que espera no se pierde, y algunas no piden ninguna acción. Para una Cabeza abierta, darse cuenta de que una pregunta nació en un compañero de trabajo basta a veces para que apremie menos.
Días llenos de preguntas
Para una Cabeza definida, el día tiene un fondo de interrogantes familiares. Un ingeniero con la Cabeza definida puede reencontrar en vacaciones la cuestión de estructura que lo ocupaba en la oficina, aplicada esta vez a la organización de un camping. La inspiración le llega por oleadas, a su propio ritmo, y sus allegados acaban por reconocer sus temas predilectos.
Para una Cabeza abierta, el día depende más de los encuentros. Una mañana en una oficina abierta puede dejarla saturada de preguntas que no estaban ahí al despertar. Una referencia práctica consiste en anotar la que obsesiona y releerla al día siguiente, lejos de las personas con las que nació: si ha perdido su urgencia, venía de fuera.
Una Cabeza abierta también puede elegir sus fuentes de presión. Leer lo que la inspira, acortar las conversaciones que giran en vacío: son dos maneras de decidir qué preguntas entran en su día. También puede disfrutar de las preguntas de los demás, en un club de lectura o un grupo de trabajo, siempre que las reconozca como lo que son.
Para usted, para los demás
Para usted
Las preguntas que le quitan el sueño tienen un origen, y se puede encontrar. Con una Cabeza abierta, parte de ellas nacieron de una conversación o de una lectura y nunca fueron suyas: puede dejarlas a un lado sin remordimientos. Con una Cabeza definida, son sus temas los que vuelven, y señalan dónde está su inspiración. Una pregunta, en un caso como en el otro, no le obliga a actuar de inmediato.
Para los demás
Cuando confíe una preocupación a una persona con la Cabeza abierta, preséntela como un hecho, sin convertirla en un enigma que resolver. Esa persona recibe la presión junto con la pregunta y corre el riesgo de pasarse la noche pensando en ella en su lugar. Déjele después tiempo lejos de usted para ver si el asunto le concierne, y no insista si la respuesta tarda: la presión volvería a venir de usted.
Fichas relacionadas
Los centros conectados a este por un canal, y la autoridad que sostiene.
Preguntas frecuentes sobre el Centro de la Cabeza
¿Por qué una Cabeza definida va siempre con un Ajna definido?
Porque los tres canales de la Cabeza la conectan todos con el Ajna. Como un centro solo está definido por un canal definido que lo toca, la Cabeza no puede estarlo sin que el Ajna lo esté al mismo tiempo. Lo inverso no se cumple: el Ajna puede estar definido por uno de sus canales hacia la Garganta, con una Cabeza abierta.
¿Qué designan las tres puertas de la Cabeza?
Tres clases de presión. La puerta 63, la de las Dudas, cuestiona lo que parecía establecido para ver si sigue en pie. La 61, el Misterio, empuja hacia lo que escapa a la explicación. La 64, la Confusión, remueve imágenes del pasado que esperan su sentido. Cada una tiene una sola puerta complementaria posible, en el Ajna, con la que forma un canal.
¿Qué se gana con la Cabeza abierta?
Acceso a preguntas que no son las propias, y por tanto a un abanico más amplio que el de una Cabeza definida, y la posibilidad de elegir las que merecen reflexión. La dificultad viene del condicionamiento, cuando cada una de esas preguntas se toma por una urgencia personal.
¿Se puede saber si la Cabeza está definida sin conocer la hora de nacimiento?
A veces. Sin hora, el cálculo se repite cada 15 minutos del día. La Cabeza solo aparece como definida si permanece definida de la mañana a la noche; si no, figura entre los centros que dependen de la hora.
¿Una Cabeza definida piensa más?
El cálculo no mide la cantidad de pensamiento. Una Cabeza definida tiene preguntas que vuelven, con una presión que no depende del entorno. Una Cabeza abierta puede estar, algunos días, mucho más ocupada, con las preguntas de los demás. Al final de un día lleno de reuniones, a veces es a ella a la que más le cuesta dejar de pensar.
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